lunes, 23 de mayo de 2011

CONTRA EL FRÍO

El ser humano no está preparado para soportar el frío. En su infinita justicia, el señor dios, avisado del fracaso del diluvio, provocó la calvicie de un grupo desangelado de monos y los abandonó a su suerte, suponiendo que el hecho de no tener pelos por todo el cuerpo, ni cuero ni plumas ni nada por el estilo que lo protegiera, acabaría aniquilándolos por hipotermia y por enfermedades asociadas con el enfriamiento.
Rebeldes y tenaces, los humanos inventaron la estufa y el jarabe para la tos.
Y es curioso que un mamífero rebelde y tenaz no haya alcanzado el mínimo de inteligencia necesario para comprender que es una estupidez celebrar con vítores y panderetas la llegada del frío.
Me acusan de soberbia, de descalificar a toda la humanidad porque escuché a un solo desubicado decir “el invierno no llega nunca”. Puede ser. La enunciación de postulados generales es el objetivo de la ciencia, y yo soy muy científico. Soy un Einstein en lo mío, pero me falta tener un poco más claro qué cosa sea lo mío.  Algunos, cuando tratamos de ser humildes, sonamos como soberbios. Queremos parecernos al promedio, pero no podemos descender nuestra montaña. La grandeza no cabe en nuestra ropa. Qué va' ser.
Mientras tanto, miro con desazón cómo bajan las persianas  de las heladerías del pueblo y cómo  los shores van siendo reemplazados por pantalones de sarga y las sandalias por botas de 600 pesos.
Porque hasta eso tiene de malo el invierno: un par de botas cuesta más o menos lo que 40 pares de ojotas!.
En verano te juntás con un par de amigos en la Reserva y armás un piola partido de bóley con un costo mínimo y una diversión de orden superlativo, y eso sin tomar en cuenta los árboles raros, los pajaritos vistosos, las minas en tanga y otros atractivos que tiene nuestra playa. Ahora bien, ¿cuántos baigorrienses son fanáticos de los deportes de invierno? Yo sería fanático, pero mi bolsillo no los puede costear. Y seamos serios: mirar deportes de invierno por SPN no es igual a ser aficionado a los deportes de invierno.

En invierno, las chicas que me gustan no andan descalzas, que es una forma parcial de desnudez, y eso me pone medio melancólico, que es una forma parcial de estar triste.

En invierno cuando llueve te morís de frío, y cuando llega la noche (y en invierno la noche no llega, en invierno es de noche) te morís de frío, y si la casa quedó sola y con un postigo a medio cerrar,  te morís de frío, y a la mañana cuando vas a la cocina a hacer las tostadas te morís de frío, y ni bien te levantás hay que esperar que el agua salga caliente en un baño que está frío como una morgue y todo está frío y mojado y el colectivo se demora más y cuando viene está lleno y cerrado y apesta como si todos los gallineros sucios del pueblo hubieran decidido bostezar allí dentro.

En el invierno llevás tanta ropa puesta que ni sentís ni se te siente. Lo cual puede ser ventajoso en algunos casos, pero son tan aislados que ni da.

Y los dedos se te ponen duros de frío y el celular no se puede manejar con guantes y se te cae al suelo y se rompe en mil pedazos y con él, las doscientas personas que almacenás en tus contactos.
En invierno, después de que uno rompió o perdió su celular, trata de conectarse con la persona amada a través de un teléfono público donde un vecino en el mismo predicamento tosió un par de veces, las necesarias para contagiarnos la gripe porcina y mandarnos a la Quinta del Ñato o a hacer tres semanas de reposo que, a lo que  dura la vida humana, viene a ser más o menos lo mismo.


En fin, cuando uno hace el curso ese que te hacen hacer para vender alimentos en el instituto del ídem, te explican que el frío es bueno para conservar las propiedades de las cosas. En un freezer se puede mantener muerto a un animal durante meses. Pero lo que no puede hacer el frío es volverlo menos muerto. El animal agotó su energía y eso lo enfrió. Mantener el sol encendido también implica un gasto.  El universo tiende a enfriarse y mantenerlo tibio representa un consumo desmesurado de energía. Y eso cansa.
Usted, que gusta del invierno porque acostumbra  sentarse a mirar televisión frente a la estufa, está conspirando contra la subsistencia del universo, o, como decía un amigo cuando yo le explicaba cómo envolver un sábalo para freezarlo: el frío podrá conservar muchas cosas, pero hace muy difícil conservar el entusiasmo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario